Oh Eros, silencioso sonriente, escúchame.

Deja que la sombra de tus alas

me acaricie.

Deja que tu presencia

me envuelva, como si la oscuridad

fuese un vellón.

Déjame ver esa oscuridad

lámpara en mano,

esta patria se convierte

en la otra patria

sagrada para el deseo.

Amodorrado dios,

detén las ruedas de mi pensamiento

para que sólo escuche

la nieve silenciosa de

tu abrazo.

Encierra a mi amado conmigo

en el anillo de humo de tu poder,

para que seamos, el uno para el otro,

figuras de fuego

figuras de humo

figuras de carne

vistas nuevamente en el ocaso.

DENISE LEVERTOV

 

 

 

 

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