EL FANTASMA DEL URDANETA

Te restregaron en la cara una orden oficial. Un papel decretando tu muerte física. Llegó con firma municipal y todo. Quién sabe si el que la firmó, alguna vez no muy lejana, se tiró un pajazo sentado en una de tus 525 butacas cobijado por la sordidez, la oscurana bajo el rojo neón y la cortina del humo de cigarrillos amalgamado con el aroma del cannabis, para que ahora te tiren este atentado. Quién sabe también cuántos de esos tipos que fueron por ti orden y herramientas en mano, se tripearon una mamada exprés en primera fila. O un destape a todo trapo dentro del retrete inundado de rancio meao y uno que otro recién excretado vómito, para que ahora te echen esa vaina.

Te asesinaron a mandarriazos. Te taladraron y descuartizaron tu intimidad. Te sacaron de las entrañas nada menos que a Garganta Profunda, La Ciciolina, Las Azafatas del Placer, Lulú la Insaciable, Madame Orgía y pare de contar. Se dieron el tupé de mandarlas a fornicar por esas calles: la Libertador, la Solano, la Casanova. Lanzadas a los pies de la Sodoma y la Gomorra. Así no más. A rin pelao.
Te cobraron la irreverencia de pasarte por el forro eso de la moral y las buenas costumbres. ¡Blasfemo! ¡Repugnante! ¡Amoral!, ¡Triple X!, sentenciaron y bajaron tu santamaría. Ellos, que olvidaron el consejo de no lanzar la primera piedra.
Tú, que eras el último bastión de la intolerancia en una ciudad de múltiples identidades rodeada de tentaciones. Que eras todo un oasis del placer y el despelote a puertas cerradas. Todo un reality show en un puerto insaciable, donde anclaban mensajeros, choferes, oficinistas o vagos de oficio en continuas sesiones tentados por la emoción de tocar o dejarse tocar.
Tú, otrora cine de parroquia tomado por asalto por el gusto sexo diverso sin pasar por los tiempos, irrumpiendo de una en un escenario envidia de Nueva York, Paris, Londres o Berlín.
Tú, y tu pantalla con el moño suelto, convertida ahora en un estandarte citadino para destapar peliculitas infantiles y otras ñoñerías. Así es la vida.
Ahora, cambiado tu nombre de ilustre prócer independentista, por otro también ilustre, el de un poeta cantor de la ciudad, quedas relegado al olvido. Y, mientras unos llegan en moderno autobús, caminando o en taxis hasta los pies del ahora exclusivo Teatro Aquiles Nazoa, tu fantasma desanda por la ciudad repartiendo culo.

PEDRO DELGADO. Caracas, enero de 2016.
Texto inédito.

 

 

 

 

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