LA CONFESIÓN DE PENÉLOPE.

Penelope 4

Disparo Aquiles entumecidos son ninguna Penélope que espere

Daniel Molina.

 

Otro día más en el tedioso metro

Cerca de nada lejos de todo

el calor, la gente, la soledad de estar acompañado

por desconocidos, fantasmas, locos, suicidas.

 

 Me siento como animal muerto

quito el sudor de mis lentes

hablo solo, pienso en mi hijo

mientras desde lejos,  la vi venir:

 

Una hermosa doncella,

Que parece que danzara con su caminar

se sienta a mi lado

esboza una leve sonrisa,

mueve su cabello,

reta la ley de la gravedad con sus pechos.

 

Con fina delicadeza toma entre sus manos unas coloridas mechas,

voltea levemente y fija sus ojos en los míos con su boca  a medio abrir

 (no sé cómo describir este acto de provocación).

Su perfume me traslada a un campo florido.

 

Voltea bruscamente y busca algo en su bolso,

saca un libro

no logro detallar el título.

Lee una página,

guarda el libro.

 

le pregunte de qué trata su lectura,

Contesta con tono de sorpresa:

“Ensayo sobre la ceguera”

 

Pensé que debe haber dejado a más de uno ciego

Por tanta belleza junta…

Buena elección tu libro de José le exprese,

­­­-Si,  me encanta Saramago respondió  con serenidad.

 

Me dejo un papelito con su correo

Número telefónico

Y una enfática nota que decía:

“no intentes seducirme soy lesbiana”.

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