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En la página 185

De aquel hermoso ejemplar que me regalaste

Encontré el pálido papel.

 

Estaba doblado

Con la precisión

Que solo tus manos pueden ejecutar.

 

Tenía tu nombre de pila, con su respectivo error

Tu número de cedula

Tu dirección

La fecha

La hora.

 

 Otra manera de ver

El tiempo muerto inmóvil.

Retratado en una tinta borrosa.

 

Recordé aquel concierto de Thelonious Monk

Que me contaste con emoción

Hasta coreaste uno o dos temas.

 

Mientras yo te decía casi gozoso

Que no hay nada más poético

Que las canciones de Otilio Galíndez.

 

Te reíste con desenfado

Y te anclaste en mis ojos

Los cuales froto

Con la esperanza de tocarte.

 

Aunque ese papelito me hable de ti

De tu buen gusto

El papel no aguanta un coño.

 

Es solo un documento mercantil

De efectos compraventa

Con impuesto sobre el valor añadido.

 

Justificante fiscal de la entrega de un producto

Pero explícitamente al final del mismo

Un rotundo “No se aceptan devoluciones”.

 

Qué carajo voy a reclamar con ese papel membreteado arrugado

Eso es, lo que mis panas llaman:

Un  pase de factura.

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