CAMARADA GONZALO, NADA ES PARA SIEMPRE .

GONZALOjpg

Un día me dijo el Diablo:
También Dios tiene su infierno:
Su amor a los hombres

Zaratustra.

EL CHA-CHA-CHA DE LA RESURRECCIÓN (1965).

En vista de que este año también
mataron al Cristo
y no será por última vez.
             (Yo soy testigo de que tú no lo mataste
             y así lo juré en los tribunales).

En vista de que ahora eres
un vagabundo planetario
que ya no paras en tu casa.

En vista de que mi memoria se hace
ceniza del tiempo
y sin embargo te recuerdo.
Pienso qué hará
qué no hará mi amigo térreo
Eduardo Cote, poeta
de Estoraques y Lejanías.

En vista de que perdí tu dirección
para enviarte este saludo,
ignoro dónde habitas:
                       Si en Júpiter
                         la Constelación Cero
                                         el cielo azul
                       o en el puñado de polvo
                                  cerca de la Frontera
                                        Del Tiempo Inmóvil.

En vista de que tampoco tengo dirección
        y sin embargo he vuelto a casa,
        no como el Hijo Pródigo
        sino como el Hijo de Nadie.

En vista de que este sábado me siento
más solo que tu muerte
que Jesús en la Cruz
           sin ti
           sin mí
sin nosotros poetas
           sin salvación

lo que no deja de ser una desgracia.

En vista de que hoy ajusté 33 años vivos
y 3 meses de arriendo sin pagar,
entro “a casa” de noche como un bandido
pongo algodones de silencio en las teclas
           para no despertar al vecino
cómo será de horrible este dolor de escribir
           con letras amordazadas
           ya te lo imaginas Eduardo.

Así las cosas compañero
uno no está muerto porque se va
sino porque se queda.

En vista de que no tengo cigarrillos
esta carta me sale sin inspiración
            perdóname
la belleza es avara con los pobres poetas
para terminarla me fumaré una oreja.

En vista de que es Sábado Santo
y llueve peor que el diluvio
mis zapatos están rotos como un arca
            de tanto navegar
            de tanto ir y volver
            y volver a ir
                             para nada
para la fatiga del eterno naufragio.

Te cuento que sigo sin paraguas
                                               sin calefacción
                                                                    sin gas
                                                                               sin…

Mi mujer se fue a descansar de mí
                         de esta miseria;
bendita sea mi mujer que me soporta loco
por ella no estoy en un manicomio
                                                 muerto
pero el frío ya va llegando al alma.
En vista de que el búho canta
                 o reza
al misterio del mundo
yo espero me hable de Dios
de mi vida para qué
de mi pavorosa ceniza.

En vista de tanto ruido
tanto silencio
que mata peor que plomo
peor que guerra
toda la muerte encima de mi muerte
voy a disparar la última bala
para que venga la aurora
para que nuestro poeta Jesucristo
resucite de una vez.

En vista de este montón de tiniebla
de libros que no dicen una verdad
ni siquiera un secreto
ni una ilusión relativa.

En vista de que el sol ya parpadea
          contra mi ventana
anunciando el Día de Resurrección
(Otro día más de arriendo Jesús Mío
lo que hace que Dios sea una mala noticia
            lo mismo que la Luz)

En vista de que quisiera ser eterno
para no sentir el aniquilamiento
el terror de vivir en este cuarto alquilado
en la fea filosofía del “Time is Money”.
¿Por qué mejor no nos hacemos filósofos
        del Time is God
              del Time is Life
                    del Time is Love
                          del Time is Nothing?
¿No te parece una filosofía saludable
       a nuestros cuerpos sedientos
                 de sed de ser?
¿Tú que dices Eduardo?
¿Nos afiliamos al Time is Life
aunque nos maten los filósofos?

En vista de que el transistor
amaneció esta madrugada
vomitando los últimos muertos de guerra
                               del Viet-nó
                               y del Viet-sí
y a mí me va importando un higo
los asuntos guerreros
y los otros higos enemigos del enemigo
todos juntos pueden irse a los infiernos
                 con sus bombas.
Esto será mejor
así me salvo de pagar arriendos
que los pague el Crucificado
ya que mi alma y lo que sobra es de Él
               alias El Divino.
(Todo, Señor, menos yo que existo).

En vista de que la Humanidad me acorrala
peor que un blanco a un negro de Alabama
            y ya estoy cansado de huir
                   cansado de no ser
¡por Cristo no disparen más que ya estoy muerto!
y mis teclas traspasan como balas
                   los últimos algodones.
Cada palabra haciéndome sentir canalla:
por decir amigo digo miedo
por decir Eduardo digo Muerte
por decir mi vida digo mierda
así la poesía es un suplicio.

En vista de que ya es Domingo de Resurrección
¡cha… cha… cha… — cha… cha… cha!
truenan las emisoras desgarrándose el luto
y el Cristo va a descender a morir
en nuestros corazones otra vez.
Hay que apresurarse a abrir la tumba del alma
antes que los generales lo fusilen.
¡Ay, pero ya la luz agoniza
en el cha-cha-cha de la Resurrección!
¡Cristianoooooossssssss…!
                 Jesús se muere de sed,
                 traedle un whisky.
¡A… le… lu… ya…
cha… cha… cha…
cha… cha… cha…
¡A… le… lu… ya… nó…!
¡A… le… lu… ya… nó…!

En vista de que apestamos peor que cadáveres
           Dios se va a morir de asco
arrepentido de redimir al Homo Sapiens.
Ahora que has resucitado te suplico Señor:
no te dejes pasar otra vez por nuestro amor
           al papayo de la Cruz.
Pues el hombre no merece al Cristo
pero el Cristo no merece morir por un gusano.

En vista de que Dios resucitó
             cha-cha-cha
y sin embargo no hay esperanzas.

En vista de que todo se puso oscuro de repente
           hoy no tengo ganas de ser
                 ni de no ser
ni siquiera una estampilla para enviarte
           este poema a las estrellas
                      pero
te regalo este día de sol como un olivo
         como un puñetazo a la desgracia
         como un beso de leproso.
No olvides el tiempo, compañero:
hoy es domingo en la frontera
la ramera trenza el ramo en el quicio
               para santificar su pan
               su oficio.
Mañana será lunes otra vez
sobre las chimeneas de Cúcuta
y este poema de ceniza se hará humo
sobre los altos Estoraques
               hasta ti
¡hasta tu soledad de Dios!

 

LA SALVAJE ESPERANZA.

Eramos dioses y nos volvieron esclavos.

Eramos hijos del Sol y nos consolaron con medallas de lata.

Eramos poetas y nos pusieron a recitar oraciones pordioseras.

Eramos felices y nos civilizaron.

Quién refrescará la memoria de la tribu.

Quién revivirá nuestros dioses.

Que la salvaje esperanza sea siempre tuya,

querida alma inamansable.

Del libro “Fuego en el Altar”

POEMA I.

En un tiempo mi pasiòn fue el existencialismo, la literatura negra que celebraba el funeral del mundo occidental. Yo recogìa los despojos de esa crisis, su podredumbre. No me interesaba el destino del hombre y habia perdido la fe en Dios. Estaba solo como en la prehistoria..

De todos los trapos derrotados remendè una bandera: el nihilismo.

No volvì mas al templo de los viejos dioses y aprendì la blasfemia y el terror de las maldiciones.

Traicionada la metafisìsica por una moral maniquea, descubri que el oro de los santos era falso como los sìmbolos que encarnaban: la idolatraia del poder, la humillaciòn de las almas.

En el trono de Dios no reinaban la belleza, el amor, la justicia. En el mercado negro se subastaban los valores sagrados. La teologìa dejo de ser conocimiento de Dios para convertirse en el libro fabuloso de contabilidad.

Frente a esta industria de la fe, el demonio me pareciò mas idealista: ofrecìa la libertad a cambio del alma, el goce pleno de la tierra sin complejos de culpa. ! Era tentador ! me afiliè a la causa del demonio.

El placer era mi ideal. Mi aniquilamiento el porvenir. Brindaba por el din del mundo en mi propia destrucciòn.

Nunca abracè la felicidad, siempre una enfermedad nueva, una nueva desesperaciòn se sumaba al calvario donde clavarìa mi bandera de odio contra el mundo. Pererìa mi guerra con orgullo, solo. Por mi muerte el àngel de las resurreciones no tocarìa la trompeta ni se apagarìa el sol. Me hundiria solo en las sabrosas tinieblas.

Una noche toquè el fondo cuando vi aparecer un astro, su resplandor. No era un astro del cielo, era la sonrisa de una mujer. Me mirò como un puente entre el abismo y el horizonte, me tendiò la mano para pasar. Cuando estuve del otro lado desapareciò…

Sè que era una mujer y no un sueño, pues aùn me queda el aroma de su mano y el eco de esas tres palabras:

!Vamos a vivir!.

Del Libro “Cafè y Confusiòn”

SER

ser un semáforo bajo la lluvia

ser un rayo sobre un pararrayo

ser un papagayo

ser un aviso luminoso a las 6 de la tarde

ser un revólver y una bala

un enemigo peligroso

un día cualquiera en la hoja del almanaque

unos hilos de lluvia sólida

un poco de frío

un edificio mojado de 14 pisos bajo la lluvia

el cielo hace su propia revolución

los hombres se esconden de miedo

en los recintos cerrados

en los aleros

en los escampavías

ser la velocidad de un automóvil

ser el comandante de la revolución celeste

ser una golondrina retardada en el imperio

de la lluvia

los hilos telegráficos destilan gotas

ser la terraza en el firmamento

el transeúnte que no puede llegar tarde a su trabajo

la novia que va para una cita de amor

la motocicleta estacionada en la mitad de la calle

ser la basura que corre

los vidrios resfriados

el calor dominado

ser como mi mujer que me invita al lecho por su

cuenta

ser un instante en compañía de otro instante

cualquiera

ser una carta abierta

un telegrama sintético con una mala noticia

el pedal de un dentista

un arroyo que pasa sin inmutarse

por las hojas que lleva a la desembocadura

una sumadora de besos

una restadora de dudas

una multiplicadora de instintos bajos

una divisora de penas

ser el premio mayor de la lotería

un florero con anémonas y gladiolos

una flor de saúco

una hoja de verbena

un pistilo estambrado

una declaración de guerra

un armisticio de paz

una revolución develada

un muerto

un vivo

unas ganas de orinar

como mi mujer que no piensa

luego existe

ser una y otra vez

indefinidamente

yo mismo

HUMANISMO Y CABALLO.

El hombre no progresa en la medida en que ha vuelto màs civilizado, ni es màs hombre por vivir en tre los inventos que abrevian su lucha y prolongan su desdicha.

Confort no es felicidad.

La ciencia puede cometer el prodigio de trasplantar un corazòn y prolongar la vida.

Admiro sin reserva esta hazaña, pero no puedo evitar cierta sensaciòn de absurdo si ese corazòn va a prolongar, al mismo tiempo, el alma de una babosa.

La vida en sì misma carece de importancia si es un accidente y no un destino; si no se da en relaciòn con la conciencia de ser, que es lo que glorifica la existencia.

La mezquina y petulante idea de progreso està degradando al hombre como ser espiritual. Un huracan de civilizaciòn ha abatido nuestro orgullo viviente.

Alguna vez, refirièndose a la esta crisis de la modernidad. Lawrence expresò que Londres era una ciudad viva en tanto los caballos erraban desbocados levantando de sus empedrados chispas.

Esta imagen que encierra un esplendor de vitalidad radiante, nos hace evocar un pasado de palpitante belleza en que el caballo encarnaba un sìmbolo de heroìsmo conquistador, de potencia creadora; en que jinete y caballo eran còmplices de la misma aventura: Cristo y la Redenciòn, Bolivar y la Libertad, Don Quijote y el Espìrtu.

Pero ese sìmbolo ya no tiene vigencia. El mundo natural se extinguiò, desapareciò con esa rafaga apocalìptica de la perforadora elèctrica que arrancò, parejo con la piedra, las raìces de una tradiciòn viviente, y en su lugar derramò la brea sin alma del progreso.

Los pueblos invadidos por la peste civilizada lucen artificales con sus arterias de cemento, como dentaduras postizas. Las calles ya no sonrìen al paisaje como en la era de la piedra y el polvo. En estos elementos latìan historias de generaciones, sueños de eternidad. Eran caminos, no autopistas. Los caminos fueron siempre de hombres, para hombres que al vivir dejaban al pasar una huella imborrable, un destino.

Pero los hombres ya no caminan, ruedan.

Y sus viejos caminos desertados, que eran rutas del corazòn, no sonrìen al paisaje porque los hombres perdieron la virtud del diàlogo, de mirar el horizonte, de caminar bajo los cielos.

Esas vìas embreadas, laberintos de pùas y espejismos centelleantes, conducen a la soledad, al exilio, y algunas veces a la muerte. Los hombres no van sino que huyen, como arrojados del paraìso, perseguidos por los espectros de la gran ciudad, enloquecidos de pavor y culpa. Huyen de sì mismos por los laberintos del infierno. ¿ Hacia dònde?

Hacia un vèrtigo de locura y delirio, hacia la nada. O tal vez, desesperados, a restituirse al seno purificador de la conciencia còsmica, a la nostalgia de Dios.

Pienso que la velocidad puede ser una protesta profunda y religiosa contra esta civilizaciòn cruel, despojada de alma y amor; un acto de liberaciòn de este mundo que ha sacrificado a la demencia del maquinismo y el progreso las dulzuras del corazòn, el èxtasis de una colina al atardecer, los ardores de la sed en los caminos, el jùbilo de los caballos encabritados dejando a su paso una cascada roja sobre la piedra limpia.

Oprimido por la soledad del cemento y el rascacielo, siento una entristecida nostalgia del mundo natural. La civilizaciòn matò a Dios en el hombre y en el corazòn de la naturaleza. Pienso en la fabula del demonio tentando al Señor para que se lanzara de un acantilado a cambio de lo cual le prometìa su imperio. Pero el espìritu venciò la tentaciòn y prefiriò sacrificar el imperio a perder su libertad.

Trasladando esta metàfora a nuestro tiempo, podemos concluir que el hombre, ilusionado con la propuesta del demonio, abdicò su alma a cambio del poder, y quedò aplastado con su peso. Ese poder no lo ha hecho ni màs libre, ni màs feliz. Al perder su alma, quedò esclavo del poder: fue el triunfo del demonio sobre el espìritu.

Por lo mismo, la era del caballo ha terminado con la era del jet y la autopista. Es el fin de esa raza mitològica que encarnò en otras edades sentimientos heroicos, una veneraciòn religiosa como en lo griegos que alaban sus corceles para viajar a las regiones hiperbòreas a conquistar lo desconocido.

No soy hostil al progreso, si en sus formidables conquistas el hombre es dignificado como ser vivo, y no degradao a una ìnfima condiciòn de subalterno y esclavo de sus terrorìficos engranajes, que es lo que esà sucediendo.

Quisiera identificar el significado de la palabra Progreso con evoluciòn de vida consciente en perfecta armonìa con los inventos de la tècnica. Pues no se trata de conquistar los astros por estentaciòn de poder, sino de dominar al monstruo apocalìptico que nuestra civilizaciòn ha despertado en el hombre y en los cielos, como un presagio de terror para toda la humanidad.

Se trata, sì, para expresarlo con un sìmbolo de justicia nunca desertado, de que el hombre del siglo XX, como Belerofonte entre los griegos, vuelva a montar sobre Pegaso, el alado caballo mitològico, para abatir al monstruo de la Quimera que asolaba sin compasiòn las sufridas comarcas de Licia.

Del libro ” Prensa y sensaciòn”

Gonzalo Arango.

http://www.gonzaloarango.com/inicio.html

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