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A Edu Ascanio

Pinte el día gris

con la ilusión, de ver tus colores desplegados en el cielo

de allí, nuestros encuentros fueron signados por la lluvia.

 

Por el rumor del viento que traía voces equidistantes,

que no dificultaba ese lenguaje cósmico que nació en nuestros ojos.

De la anécdota del beso, con caramelo incluido

mecanismo de defensa contra la saliva inédita.

 

Nació la imagen superlativa,

bucólicas sonrisas,

el viaje sobre hojas secas,

en los parques abandonados

lugar y espacio

donde se exilian los terroristas.

 

Te conocí con la boca, que dio lugar

a aquella mística alquimia llamada “chupe”

y algún otro nombre popular.

Sin caer en lo vulgar, cada beso

fue declarado producto de primera necesidad.

 

Del contacto labial, con lunares y todo,

accedí a tu piel la cual se abría en cada poro.

Caricias, roces y más besos precedieron el deseo

que muchas veces dejo una Technicolor a medio ver.

 

Seguía la lluvia, y así muchos encuentros

Agasajados con vino e inciensos,

descubrí un acuoso lirio 

en la hendidura de tu cuerpo.

Entre la danza de los amantes nos conectamos con nirvana.

 

 

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