Eres mi punto  de inflexión

desde el vientre de tu madre,

sin decir ni una palabra

Me has enseñado muchas cosas

entre ellas:

hacerme ver que los poemas gatean.

Dulce y risueño,

eres el dueño de un corazón

que late rítmicamente al son

De tus sonatas móviles.

A pesar del corto tiempo entre nosotros,

parece que nunca estuviste ausente.

Blanquito como la leche,

Con el cabello desaliñado más bello que he visto;

Tus ojos son una suerte de elixir  mágico,

que logra cautivar el carácter más fuerte.

Cada día que pasan tus balbuceos

Forman palabras…

palabras que aunque mal pronunciadas,

logran una gran satisfacción en mí.

Así travesura e inocencia mezclada

tumban la casa.

Risas, llantos son tu modus operandi,

para exigir un poco de atención,

tus cálidas manitas rodean mi cuerpo

y tu embriagante olor

me invitan a no despegarme de ti….

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